La
vinculación de la música con la religión
es antigua y universal. Fue en la actividad de la religión
que la música se ha encontrado a sí misma. De
ella surgió principalmente su ciencia, se desarrolló
su técnica, se realizó su habilidad, se extendió
su campo de expresión, se hizo aparente su fuerza trascendental,
y su contenido de belleza se impregnó de significado
eterno.
La religión y la música tienen muchas afinidades
naturales. Las dos expresan la sensación que el hombre
tiene del significado espiritual del universo, y cada una de
ellas es una manifestación de la vida espiritual del
hombre, y se refieren, en último análisis, no
a cosas vistas y temporales, sino a cosas imaginadas y eternas.
Y cuanto más se elevan en el carácter tanto más
se entremezclan en su esencia. Porque si la religión
es la actividad primaria y más necesaria del espíritu
humano, y la música es la expresión más
completa del espíritu humano, entonces cuanto más
grande sea la música, más religiosa deberá
ser.
La música sagrada es aquella que es capaz de remitir
al individuo a Dios. La música religiosa, en cambio,
pretende unir, no ya al individuo con su esencia, sino a los
diferentes individuos de una comunidad en el culto o la alabanza
divinas.
Juan Pablo II dice: "Precisamente porque el sonido esta
dotado, entre todos los medios artísticos, de una particular
fuerza de penetración en los espíritus, la música
debe ser reconsiderada como medio destinado a ennoblecer al
hombre y a favorecer sus mejores capacidades... Por esto es
necesario que cada uno pueda acceder al arte musical, bien para
dedicarse a él con el esfuerzo profesional, bien para
saborear sus inefables riquezas".
El
instrumento mas ejecutado en el ámbito nacional y mundial
es la guitarra, y a través de ella accede al arte musical
desde un niño de humilde condición hasta él
más destacado hombre de ciencia; o bien el comerciante
o el obrero ya que la guitarra esta en él animo y en
el corazón de todos los argentinos.
Ya
desde la creación de nuestro Himno Nacional, precioso
instrumento de la unidad argentina, que estuvo siempre por sobre
los idearios de las guerras civiles o los intereses de las agrupaciones
políticas, podía escucharse cantar sus estrofas,
con profunda emoción por un gaucho humilde, un indio
avecindado, un negro, un mestizo, hasta en las ciudades distantes
y en la remota campaña. Se cantaba con gran brío
y como de costumbre acompañado con guitarra.
El trío Domine integrado por Daniel Cabrio, Walter Fida
y Diego Liotto, ha realizado una minuciosa adaptación
de un material totalmente inédito para guitarra, de obras
religiosas y en particular sagradas de los más grandes
compositores de todos los tiempos, haciendo un gran esfuerzo
por distinguir la música que agrada a Dios y la que no.
Domine a través de la vibración de sus cuerdas
logra esas cualidades de solemnidad y majestuosidad, capaces
de suscitar sentimientos de alabanza, de imploración,
de acción de gracias, de alegría, de amor, de
confianza y de paz.
Durante siglos el uso de instrumentos musicales estuvo prohibido
en la liturgia. Incluso el órgano hasta finales del siglo
XV, ha tenido grandes dificultades para ser aceptado. Se pensaba
que su presencia evocaba las fiestas paganas de la sociedad.
Actualmente la Constitución sobre la Sagrada Liturgia
abrió camino a toda clase de instrumentos musicales.
La música sagrada es un regalo de Dios al hombre, que
requiere ser cultivado por la inteligencia, para que caminando
por la senda del arte, se enriquezca y cimiente en bellas armonías.
En el Nuevo Testamento San Pablo escribe a los de Efeso: "Cantad
y tocad para el Señor desde lo hondo del corazón"
(Ef 5, 19).
Lic.
Daniel Cabrio